viernes, 16 de julio de 2010

Dos poemas de Soledad Arrieta

TRANQUILIDAD






Redibujo silencios

que se quedaron durmiendo la siesta

entre las acogedoras garras

de los destiempos no estimados.






Araño susurros

de amaneceres nunca despertados

en la cosquillosa almohada

que reposa entre tus pestañas.






Desarmo un tal ves

que recompone jamases

que crecen como yuyos

en los terrenos baldíos del alma.






Acompaño ausencias

de soledades no abandonadas

en el altillo frió y envejecido

de las sonrisas de las montañas.






Vivo en un mundo ficticio

que juega a realidades despistadas

en la cima de péndulo de tu mirada

donde no existe más que mi calma.






Poema de Soledad Arrieta









COTIDIANIDADES






Del otro lado del vidrio

el mundo sigue girando

igual que ayer y que mañana

como ese trompo de anacronías rebuscadas.






Las baldosas que estaban flojas

siguen temblando ante las pisadas

salpicando a los transeúntes bien vestidos

que le temen a la distribución de la riqueza.






El agua del río aún no nos alcanzó

y en la casa de gobierno

sigue el picnic y el champagne

las promesas, los golpes y la desigualdad.






El cielo tiene ganas de llorar

pero ve a esa nena acomodada en la vereda

con el vestido heredado de una amiga de su hermana

y no la quiere perjudicar.






La señora de planta baja

sigue estudiando los movimientos del edificio

sonríe maliciosa y saluda con simpatía

porque no sabe que su marido la va a dejar.






El perro de la esquina sigue ladrando

a todo el que pasa en bicicleta

los autos vomitan su humo

y la ciudad sigue siendo gris.






De este lado del vidrio

el mundo ya no gira más

lo apreté entre mis manos obligándolo a frenar

me mira desde abajo y me suplica piedad.







Poema de Soledad Arrieta










La poesía de Soledad tiene la fisonomía del agua, hay claridad en sus palabras por donde parece escabullirse un torrente enorme de versos cristalinos "Desarmo un tal ves/que recompone jamases/que crecen como yuyos/en los terrenos baldíos del alma" basta solo este ejemplo para darse cuenta de ello.

También puede oírse un grito lleno de realidad en sus palabras, una desesperada urgencia por cantar las crueldades de esta mundo, su poesía comprometida denuncia, grita con la misma furia y el mismo idioma de las olas del mar.

Por eso digo que sus palabras transformadas en poesía tienen la fisonomía del agua, puede ser clara y tranquila, pero también ruidosa, estrepitosa llena de furia como las olas desbocadas del océano.


Federico Espinosa